PRESUNCIÓN DE INOCENCIA

Una vez más, para no variar, los medios de comunicación -instados por políticos y grandes empresas esta vez- han lanzado una campaña de difamaciones contra el conductor del tren accidentado en Santiago de Compostela; sin más pruebas que sus propias convicciones, las ansias de audiencias/lectores/visitas y los intereses de un importantísimo sector de nuestra Economía.

El propio presidente de la Xunta, Núñez Feijoo -todo un gerifalte del PP-, reconoció presiones económicas para que el caso tenga una rápida solución, o dicho de otra forma, procurar culpar de todo lo ocurrido al maquinista, evitando así una pérdida de credibilidad para la Alta Velocidad Española.

Para ello, obviando la presunción de inocencia que ampara cualquier proceso penal (nuestra Constitución, la Ley Orgánica del Poder Judicial y la Ley de Enjuiciamiento Criminal así lo propugnan) desde distintos sectores se ha hecho un juicio paralelo, sumarísimo, en el que el maquinista ha resultado condenado con todos los pronunciamientos a ello inherentes; pese a que aún no había pasado a disposición judicial.

Para ser una sociedad madura, seria y rigurosa, los medios, nuestros políticos, empresarios y, sobre todo, nosotros mismos, debemos reconsiderar la forma en que afrontamos los asuntos, buscando responsables y condenas de forma inmediata, sin tan siquiera esperar a que la vía quede completamente restablecida o los más de los heridos sanen, queremos nuestra “cabeza de turco” y, para ello, para garantizar nuestra seguridad, nuestra confianza, damos de lado las más elementales normas del Estado de Derecho, condenamos  a una persona sin juicio y damos por buena -sin un mínimo pensamiento crítico- la información que nos ofrece cualquier medio.

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