SOBRE NUESTRA JUSTICIA

Estamos viviendo un invierno cálido en lo judicial. En los últimos meses se han publicado, entre otras, las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre la devolución de las cláusulas suelo; de la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Baleares sobre el caso de la Infanta Cristina o la más reciente de la Sección Cuarta de la Audiencia Nacional sobre los ex directivos de Caja Madrid.

Nuestro sistema judicial es una enorme, antigua, pesada y compleja maquinaria que cuesta dios y ayuda accionar, pero que una vez en marcha es capaz de condenar a penas de prisión al cuñado del rey -curioso que las sentencias se dicten en nombre de éste- o a personajes de alta alcurnia como Rodrigo Rato, Jaume Matas o Miguel Blesa. Podemos discutir si las penas son suficientes o no, estamos legitimados para opinar sobre si la infanta Cristina debería haber sido condenada a prisión o si los ex presidentes de la Junta de Andalucía Manuel Chaves y José Antonio Griñán deben correr la misma suerte. Aunque para ello, siendo serios, deberíamos al menos molestarnos en leer las resoluciones judiciales que han dictado los distintos tribunales.

De que la Justicia es un mecanismo difícil de accionar puede dar fe el Fiscal Superior de Murcia, recientemente cesado, pues los primeros pasos de cualquier procedimiento son complejos y reunir pruebas para incoar diligencias por delitos económicos entraña una complejidad supina para la UDEF, la UDYCO y la Fiscalía. Aunque por suerte para éstas, tienen a los medios de comunicación de su lado, ya que en las más de las ocasiones, un simple registro se presenta como la más eficaz prueba para una condena de telediario, es decir, para presentar al investigado como culpable ante la Opinión pública.

La eternización de los distintos procesos en el tiempo da buena prueba de que nuestra Justicia es una maquina pesada y de una complejidad extrema. Los tribunales encargados del conocimiento de los asuntos más destacados en materia de corrupción han necesitado refuerzos de personal y medios materiales para juzgarlos y para dictar sentencias de cientos de páginas que nosotros comentamos, la mayoría de las veces, sin tener más información que lo oído en tal o cual medio de comunicación.

Nuestro sistema judicial ha demostrado funcionar, ser capaz de dictar sentencias condenatorias contra varias de las personas más poderosas de este país, sin embargo, como muestra de nuestro pesimismo social congénito, compartimos una frustración y una impotencia que para nada se corresponden con las recientes resoluciones judiciales -aunque las mismas aún sean de primera instancia-. Por todo ello, pese al sentimiento trágico de la vida que como españolito de a pie me corresponde, me confieso orgulloso de nuestra Justicia pues, pese a necesitar una revisión profunda en algunos aspectos, es fiel reflejo de una democracia madura donde nada ni nadie es impune al Imperio de la Ley.

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